Mario caminaba por una vereda y Nacho por otra. Tranquilamente.
Un lunes se subieron a una mínima balsa y sus palabras empezaron a enredarse. Con fluidez soltaban frases que no tenían más sentido que el instante que las recibía.
Sin embargo al escuchar a unas, pegadas a las otras, con una canción de Charly o con una interpretación de Joan Manuel en el medio, era como si las músicas empezaran allá y nos dejaran mucho más allá.
Así nace Todos Somos.
Con linternas de exploradores entran en esta cueva, donde las palabras, las propias y las prestadas, son la excusa para el encuentro.
Cuando en el basural de cada día encontramos una perla, una buena madera para La Balsa, lo menos que podemos hacer es llevarla a casa.
Luego, con calma, ya veremos si es de proa, de remos, o de fuego que abriga e ilumina.
Lo importante es rescatar buenos lugares que nos desafían con cada invitación.
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