Mario caminaba por una vereda y Nacho por otra. Tranquilamente.
Un lunes se subieron a una mínima balsa y sus palabras empezaron a enredarse.
Con fluidez soltaban palabras que no tenían más sentido que el instante que las recibía. Sin embargo al escuchar a unas, pegadas a las otras, con una canción de Charly o del Nano en el medio, era como si las músicas empezaran allá y terminarán mucho más allá.
Así nace Todos Somos.
Con linternas de exploradores entran en esta cueva, donde las palabras, las propias y las prestadas, son la excusa para el encuentro.